Del Kompring al Zarovich

Compartimos los recuerdos,
nos quedamos tu memoria,
te llevaste solo tu cuerpo,
pero se nota tu falta.
Como al que amputaron un miembro
muchas veces, duele, sientes nostalgia,
te atrapa el miedo
de ser rehén de tus propias circunstancias,
de dejarte atrás en el olvido,
de no pensar en tí porque ya no estás,
de despertar y no poder acudir a tí,
de quererte pero no poder decírtelo
si no es por la palabra,
de pedir perdón
por las negaciones al estilo de Pedro,
de no poder acudir a mi padre en la zozobra
sino es a través del rezo,
de ser mudo si no es por el verso
conjugado entre el silencio
y alguna lágrima redentora
que se traslada de arriba abajo por los surcos del tiempo,
esculpiendo nuestrras caras,
cincelando nuestros cuerpos,
hasta la hora de pasar la antorcha
y entregar el testigo al siguiente en el puesto


 


 

 

 

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