EVA
(a mi mujer y a todas las mujeres del mundo,
porque sois lo mejor que le puede pasar al hombre)
Suavemente surgiste del mar como la brisa
y poco a poco te trasmutaste en viento
otoñal,
atravesando continentes hasta ser palabra
resonante
en las ramas ya sin hojas de todos los
árboles del globo.
Bajaste al trópico y enseñaste tú música
a la arena
al ser conjurada por tu voz en el
desierto,
o desde el filo del invierno te
dirijiste al silvo de la nieve por tí
empujada,
coronando la cima del monte más alto
sin que a tu paso,
un obstáculo opusiera la más leve resistencia.
Navegaste en barco y surcaste el
cielo
oyendo en tus viajes por el orbe hablar
del hombre,
una pobre bestia miserable acabada de
bajar de los troncos con la primavera,
para acompañarle, de un rayo te hiciste
fuego, y,
en tus reflejos aprendió a conocer la vida
de los dioses y su lengua.
Eva, mientras me amas, a tu lado,
se que en tu voz se esconde la
sabiduria de toda la tierra.