Cuatro estaciones pusieron el tejido
de un año
y el lustro talvez no legó para cubrir
más que la séptima parte de una quimera
y la vida de un ser quizás un fogonazo
en el mundo
sin más alcance para su historia
y que en la nada se concreta
salvo en ruido, el de la risa o el
llanto
o de nuevo el llanto
hasta la repetición de una cadencia
y entre hipo e hipo todo un
interrogante intermedio para llenar,
los paréntesis del tiempo, nuestra
consciencia
puntos suspensivos, la larga gestación de
un mismo contubernio.