Un gran hombre con mente preclara y que llamaba a las cosas por su nombre y con el que a base de pequeñas charlas en los bancos de la llera o marchica, nos ayudo a que empezasemos a distinguir lo verdadero de lo falso lo necesaro de lo superfluo.
Siempre pasearas en los atardeceres del marchica con el sol calentandote en las sienes descubiertas de la madurez.
(Enviado al correo electronico. Gracias Javier y perdona por la tardanza)